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1. La llegada de Internet

Cuando en 1961 nacía l email o correo electrónico, gracias a un grupo de investigadores del Instituto tecnológico MIT de Massachussets, se ponía la primera piedra para la creación de Internet.

Internet nació como una red subvencionada por el Gobierno de los Estados Unidos para permitir la interconexión entre estudiantes universitarios, científicos, investigadores y técnicos, para intercambiar publicaciones, novedades y descubrimientos.

A principios de los años noventa, el ingeniero británico Tim Berners-Lee y su grupo de investigación en Oxford crearon un sistema para consultar documentos en Internet a través de un navegador que traducía la información en imágenes y textos, a través de los cuales se podía navegar pinchando de enlace en enlace. Así nacía la World Wide Web. Poco después, la red pasaba a ser abierta a todo el mundo y sin Gobierno central que la regulara.

Por su parte, las empresas no tardaron en ver el potencial comercial de esta nueva herramienta, y pronto las más importantes y las más despiertas abrieron sus propias páginas web y comenzaron a pagar a los buscadores para que los resultados que devolvían a los usuarios apuntasen a ellas en primer lugar.

Así era la primera “Web 1.0”, una web unidireccional que funcionaba a modo de directorio, una especie de Páginas Amarillas enorme donde el público podía consultar buscando por temas y en donde las empresas pagaban por tener mayor visibilidad. La creación de páginas web requería un conocimiento más bien amplio de programación y de diseño y publicistas, relaciones públcias y encargados de marketing dieron el salto del mundo analógico al digital sin demasiadas contemplaciones. Acostumbrados a que el consumidor fuese un objeto pasivo de la comunicación publicitaria, ya sea a través de anuncios en prensa, en televisión, en radio, o en marquesinas de autobuses, los responsables de marketing aplicaron la misma lógica a Internet y bombardearon al consumidor con banners que cubrían las pantallas, molestos pop-ups que se abren automáticamente asediando al usuario e incluso enlaces y rutas falsas para introducir aún más publicidad.

En aquella web 1.0 como pasaba con los anuncios en medios convencionales, no había posibilidad de feedback, el anunciante no llegaba a saber de verdad la reacción del público, o prefería ignorar su enfado directamente.

Hasta que dos hechos cambiaron completamente la World Wide Web: la Web 2.0 y la llegadas de bitácoras o blogs.

 

 

En el siguiente post: ¿La Web 2.0? y, ¿Qué tiene de diferente?

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